Diario EXPRESO
El apoyo de Anabella y el ejercicio son importantes
La receta del ex candidato presidencial: arroz, frutas, pollo, dorado y corvina a la plancha, al horno, al vapor, más una dosis rigurosa de perseverancia. Silvia Núñez de Escobar conoce a Álvaro Noboa Pontón desde los 14 años, cuando este era “flaquito”. Lo recuerda ahora que es su nutricionista y la protagonista del proceso de un año que ha llevado al ex candidato presidencial a bajar 43 libras.
El camino no le ha sido fácil. El magnate ecuatoriano del banano ha tenido que dejar de comer lo que para él es un manjar: los pistachos y el jamón serrano. También ha tenido que ser muy perseverante, pues debe llevar no solo una dieta balanceada aquí y en los países adonde viaja, sino también realizar ejercicios e ir semanalmente donde su nutricionista, su amiga, y la que chequea cuántas libras ha bajado.
Camina en una máquina y nada en la piscina de su casa en la vía Samborondón, en compañía de su esposa Anabella.
Noboa ha hecho dos tandas de adelgazamiento. Cuando él empezó en Colovita -empresa de la doctora Núñez-, en mayo de 2009, tenía 201 libras, pero ya había bajado desde mediados de abril 10 libras. Justo en esa época le midió la circunferencia abdominal, porque cuando alguien tiene sobrepeso, si es hombre, tener más de 102 centímetros de cintura conlleva a un riesgo cardíaco.
El 23 de julio, antes de irse de viaje a EE.UU. y a Europa en busca de nuevos negocios, su peso fue de 178,6 libras. Regresó antes de año nuevo de 2010 al país, y gracias a esa perseverancia logró mantener su peso. Un chef que lo acompañaba en sus viajes fue “bien aleccionado”. Él sabía hasta cómo debía comprar las corvinas y los dorados que a la plancha, al horno o a la parrilla come su jefe.
A partir de enero 29 de 2010 el ex candidato presidencial llegó de nuevo donde su amiga Silvia con las mismas libras con las que se fue. Eso significaba un gran logro.
Hasta el 30 abril que estuvo en el consultorio de su nutricionista había bajado otras 10,75 libras. La primera tanda fue de 22,4. Y por su cuenta, antes de ingresar a la dieta, otras diez libras. En total 43, el equivalente al 16,5% de peso corporal inicial.
“Es bastante, porque en un poco más de un año él estuvo varios meses fuera y logró controlar su peso. Yo le había dicho ‘quiero que regreses con el peso que te fuiste’. Lo logró. Esto demuestra que él es súper perseverante, que tomó la decisión y está con el mensaje de que aprendió a comer”, dice.
Cuentan sus amigos que Álvaro ponderaba que, en su juventud, era flaquito, como su hijo mayor, Daniel, de 21 años y que estudia la carrera de Negocios en Nueva York, Estados Unidos. Y así quería estar, como su hijo.
En mayo de 2009, cuando llegó Noboa al edificio Barroco, en la vía Samborondón, donde está Colovita, Núñez le dijo a su amigo que la tercera era la vencida. Había intentado por dos ocasiones. Para entonces Álvaro había tomado la decisión de bajar de peso. Un problema en su presión arterial lo había puesto en alerta.